El escenario es nuevo porque se modifican los actores, pero la situación es repetida. Como en 2017, cuando la ola amarilla tiñó todo el país luego del triunfo macrista de 2015 y en Catamarca ganó el peronismo, ayer La Libertad Avanza arrasó en las elecciones intermedias y cumplió la profecía de Javier Milei de “pintar el país de violeta”, pero los catamarqueños volvieron a respaldar mayoritariamente al peronismo provincial, que gobierna la patria chica desde 2011. Por eso, en dirigentes y militantes locales de Fuerza Patria, los festejos de ocasión estuvieron atravesados por una indisimulable desazón. No podía ser de otra forma cuando el triunfo se opacaba por las noticias del abrumador éxito libertario en casi todo el país, incluyendo el gigantesco territorio bonaerense, donde se revirtió de modo sorprendente una ventaja peronista de 15 puntos con respecto a los comicios provinciales de hace apenas un mes. La contracara fue la plena euforia libertaria, sector consolidado a nivel provincial como la segunda fuerza, a una distancia abismal de todas las demás propuestas locales. Esa primera minoría que le asegura una banca en el Congreso de la Nación, representa también un claro fortalecimiento y puertas adentro genera expectativas para dar batalla en el 2027, cuando se ponga en juego la gobernación. Los demás sectores, que durante meses barajaron la posibilidad de conformar una gran alianza –en particular el radicalismo-, ahora saben que, si se inclinan por una coalición, tendrá que ser bajo el liderazgo libertario. Lecturas político-partidarias al margen, quedan dos años de gestión en los cuales transitar casi en soledad sin dudas será incómodo para Catamarca. Le sucedió a Lucía Corpacci en su segundo mandato, y es lo que le espera a Raúl Jalil en adelante. En este aspecto, aunque se gobierna sin viento a favor de Casa Rosada desde hace dos años, la elección de ayer fue determinante, porque en los últimos meses las provincias se habían potenciado en sus reclamos a partir de la rebeldía conjunta de los gobernadores, por ejemplo, para rechazar vetos presidenciales o luchar por sus recursos. Ahora, la relación de fuerzas será muy distinta, y el gran ganador será Milei, no solo porque podrá diluir a los legisladores opositores en el Congreso, sino porque ahora podrá convocar a los mandatarios sabiendo que todas las cartas están de su lado. Será cuestión de dialogar y remar, y quizás reconstruir aquel vínculo institucional que se comenzó a tejer cuando asumió, porque el aislamiento no es una opción viable para una provincia como la nuestra. Fuente: El Esquiú