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Luka, el Himno de Suzanne Vega Contra el Abuso Infantil

El tema que llevó al éxito a Suzanne Vega fue también uno de los primeros en escribirse sobre violencia hacia las infancias.

  • 01/04/2025 • 11:36

“Mi nombre es Luka. Vivo en el segundo piso. Justo arriba de ti. Sí, creo que me has visto antes. Si escuchas algo, tarde en la noche, algún tipo de problema, algún tipo de pelea, simplemente no me preguntes qué fue”. Cuánto misterio para una canción que se convirtió en el gran éxito de una cantante; el caballito de batalla y carta de presentación de una voz llamada Suzanne Vega.

La canción es bella y pegadiza. De medio tempo, con arpegios de guitarra y un estribillo que dice todo y no dice nada, porque lo sugiere. Si no se conoce el idioma (inglés) quizá, hasta se pueda pensar que es una canción alegre. Pero no lo es; todo lo contrario. Y son esas contradicciones expresivas las que muchas veces hacen que una canción transcienda y sobreviva a las épocas y las generaciones. “Luka”, “el” hit de Suzanne Vega, es uno de ellos.

El misterio termina en la segunda estrofa, con los versos que dicen: “Solo te golpean hasta que lloras. Y después de eso no preguntas por qué”. Hasta donde se puede ver y escuchar, dice lo contrario a lo que quiere decir. Un niño que le pide a un vecino que no se preocupe por lo que sucede ahí arriba cuando, en realidad, lo único que está haciendo es trata de llamar su atención (”Sí, creo que me has visto antes”) para que lo ayude. Así funciona muchas veces. Y seguramente eso es lo que Vega quiso contar.

La letra es breve pero tan concreta y potente. Probablemente no necesite más. ¿Para qué los detalles? Sin embargo, hay dos datos importantes en esta canción que no habría que pasar por alto. El primero: ¿De quién habla realmente? El otro es el valor para referirse a la violencia doméstica en la época cuando fue escrito el tema, 1987.

Convertido en hit, rápidamente hizo que Vega subiera unos cuantos escalones en la industria de la música. Fue lanzado junto con un video en blanco y negro, con escenografía urbana neoyorquina y esas típicas escales externas contra incendios, que se ven en algunos barrios estadounidenses y que ya tienen varias décadas remarcando un estilo arquitectónico. Allí se ve a una Suzanne veinteañera, cantando, y a un niño, Jason Cerbone, que terminó siendo uno de los actores del clan Los Soprano. En el video hay una puerta de departamento que se abre. Pero nunca se muestra lo que pasa adentro. Todo queda librado a la interpretación de quien ve y escucha, lo mismo que sucede con la letra de la canción.

La versión oficial de lo que inspiró “Luka” la dio en 1987: “Hace unos años, solía ver a este grupo de niños jugando frente a mi edificio y había uno de ellos, cuyo nombre era Luka, que parecía un poco distinto de los demás niños. Siempre recordaba su nombre y siempre recordaba su cara, y no sabía mucho sobre él, pero parecía apartado de estos otros niños que veía jugar. Y en su personaje basé la canción Luka. En la canción, el niño Luka es un niño abusado; en la vida real no creo que lo sea. Creo que simplemente era diferente”.

¿Luka es una historia ficticia?

Como migas que se van dejando en el camino para no perder el rastro, Vega fue soltando de a poco la verdadera identidad de Luka, en distintos momentos de su vida. Varias veces mostró los contrastes entre su pensamiento y el de sus padres. Las afirmaciones de Vega parecen estar dentro de las canciones desde hace mucho tiempo. 

“Yo soy Luka”

“Había abuso en mi familia. En realidad, yo soy Luka”. La afirmación tardó, pero finalmente llegó. Y había dos caras muy definidas de su padrastro: “Hubo momentos en los que Ed podía ser amable, momentos en los que se sentaba junto a mi cama cuando yo estaba enferma y me enseñaba a silbar, lo cual creo que es algo muy inventivo para hacer con un niño enfermo. Había momentos en los que era generoso y amable, especialmente si se trataba de cultura o arte. Nos llevaba a cualquier museo, a cualquier obra de teatro, sobre todo si eran gratuitas. Ed también nos presionaba; estaba abierto a todas las artes: pintura, escultura, quería hablar de ello y de ideas y también de cualquier actividad intelectual, ya fuera antropología, historia o política. En mi casa se discutía mucho y se ponía las cosas en palabras”.

La otra cara de Vega aparecía como una especie de Mr. Hyde. “Recuerdo una noche que me estaba enseñando a contar de dos en dos. Y yo era lo suficientemente chica como para no entender por qué lo hacíamos. ¿Por qué contar de dos en dos cuando contamos de uno en uno? 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8. ¿En qué circunstancias cuentas 2, 4, 6, 8? Y él intentaba enseñarme, al mismo tiempo, a contar de cinco en cinco. Así que realmente me sentí llevada hasta los límites de mi comprensión. Y se enfureció... No recuerdo exactamente lo que siguió, pero lo que generalmente seguía era alguna forma de violencia. Violencia física. A veces te tiraba comida o te volcaba la sopa en la cabeza. Él hacía este tipo de cosas. La última vez que me golpeó tenía 19 años. Pero eso no significa que no haya intentado hacerme daño de otra manera. Lo doloroso no fue sólo el dolor físico. Era el terror de no saber qué vendría después o qué lo había provocado. ¿De verdad fui tan estúpida que no pude entender lo que él estaba enseñando? Y eso es lo que terminas interiorizando… ‘Vaya, debo ser muy estúpida… Es mi culpa’”, contó durante su charla con Cindy Stagoff.

La respuesta siempre estuvo a la vista. Bastaba con ver el video y el rostro de Suzanne pronunciando las primeras palabras de la canción: “Mi nombre es Luka, vivo en el segundo piso”. No era difícil descubrirlo. Lo difícil era poder ponerle el verdadero nombre a las cosas, como suele suceder en los casos de abuso infantil. ¿Dejó secuelas? Sí, en aquella entrevista, Suzanne habló de cuestiones que debió superar. “Afectó mi carácter y mi naturaleza porque, cuando era niña, estaba constantemente observando y tratando de descubrir qué estaba pasando y dónde encajaba en todo y de qué era responsable y de qué no era responsable. Además, me sentí muy inhibida físicamente. Todo lo que quería hacer era pararme frente al micrófono y cantarle. Por alguna razón, era aterrador moverse. Simplemente no me sentí libre en absoluto. Y si intentaba moverme, oía una especie de voz en mi mente, una especie de tono burlón, como: ‘Oh, mira, ella se está moviendo’. Entonces, esto lo atribuyo a que Ed me observaba con tanta atención. Cuando era más chica, aunque bailaba y a veces bailaba en el pasillo, podía sentir sus ojos puestos en mí. Me hizo sentir muy inhibida. Así que me llevó mucho tiempo resolver todo eso. Y tengo que decir que pasé 25 años en terapia y fue muy útil: tuve una terapeuta desde 1984 hasta 2009. Ella me ayudó a ganar algo de objetividad. Ella me señalaba lo que era abusivo y lo que no lo era y lo que yo estaba internalizando”.