Sociedad

Argentina se está despoblando: cae la natalidad a niveles históricos

Cae la tasa de natalidad. Un análisis de las razones y sus consecuencias.

  • 31/03/2025 • 09:13

En 2023 se registraron solo 460.902 nacimientos, la cifra más baja en 50 años. En apenas una década, los nacimientos cayeron un 40% y la tasa de fecundidad cayó a 1,33 hijos por mujer. El país se encamina hacia un invierno demográfico irreversible.

Primero fue un dato. Después, una tendencia. Hoy es una advertencia histórica: la Argentina deja de tener hijos. Ya no se trata de una caída lenta y natural de la natalidad. Lo que estamos viendo es un derrumbe. Y con él, se hunde algo mucho más profundo: la idea misma de futuro.

En nuestras ciudades, las plazas están cada vez más vacías. Las salas de parto cierran. Los jardines de infantes fusionan aulas. Las fiestas de cumpleaños se hacen más pequeñas. Y lo que parecía una curiosidad demográfica se transforma en un fenómeno estructural. Un país sin niños no es solo un país envejecido; es un país sin porvenir.

La sociedad que se apaga

La baja abrupta de la natalidad en Argentina no se explica solo por razones económicas. No es solo el precio del alquiler, la inflación o la falta de empleo. Lo que está detrás es algo más alarmante: el retiro del deseo colectivo. Una generación que, frente a la incertidumbre, el colapso ambiental, el maltrato económico y la desprotección estatal, elige no traer vida al mundo. No por comodidad, sino por desesperanza.

Y no es casual. Hoy, tener un hijo implica enfrentarse a un sistema que castiga al que consume con responsabilidad y dignidad. Desde el supermercado hasta la prepaga, desde el gas hasta la leche, todo lo esencial se ha vuelto inaccesible. No hay regulaciones reales que protejan a las familias del abuso. El que quiere formar un hogar es víctima: del sobreprecio, del crédito usurario, del tarifazo, de la estafa organizada que disfrazan de “libertad de mercado”.

El país que se vacía

Mientras las grandes ciudades se repliegan sobre sí mismas, el interior agoniza. Pueblos sin nacimientos, provincias que pierden peso político, rutas que ya no conducen a ninguna parte. La Argentina profunda se convierte en un páramo habitado por el recuerdo de lo que fue. Y el Estado, cada vez más ausente o cómplice, sigue actuando como si nada pasara.

El silencio demográfico

¿Quién educará en un país sin niños? ¿Quién innovará en un país sin jóvenes? ¿Quién cuidará en una sociedad sin vínculos intergeneracionales? Cada hijo no nacido es una idea que no llegará, un libro que no se escribirá, una familia que no existirá. La caída de la natalidad no es solo un fenómeno técnico: es un silencio cultural, un apagón emocional, una señal de alarma civilizatoria.

O nos organizamos, o desaparecemos

La salida no está en obligar a nadie a tener hijos, ni en romantizar la maternidad. La salida está en reconstruir el deseo de futuro. En organizar una sociedad —y una clase política— que vuelva a priorizar a la juventud, al ambiente y a los consumidores, no como eslóganes, sino como ejes centrales de todo proyecto de país.

Hacer lugar para quienes vienen. Garantizar vivienda, educación real, trabajo digno, acceso a la salud mental, libertad para criar sin miedo. Defender el ambiente y frenar los abusos del mercado que asfixian a las familias. Porque no hay natalidad posible sin un consumo justo y regulado.

El futuro no se impone: se inspira

Argentina tiene una última oportunidad. No de crecer por crecer, sino de volver a ser una tierra donde valga la pena proyectarse. Donde ser joven no sea un acto de resistencia, y tener hijos no sea una condena a la precariedad. Donde la naturaleza no sea un botín de guerra, ni el consumidor una víctima sistemática. Donde criar sea un derecho, no un privilegio.

Si no reconstruimos una promesa común, todo lo demás será apenas una lenta administración del derrumbe.

Pero si lo hacemos, aún hay futuro. Y vale la pena pelearlo.