El euro, la moneda única europea, cumple veinte años de vida

Mundo 01 de enero de 2022 Por Susana Dicastro
El 1 de enero de 2002 los billetes y monedas de euro pasaron a ser formalmente de curso legal en doce países: Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Grecia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal.
euros

Hace veinte años, las liras italianas, los marcos alemanes, los francos franceses y las pesetas españolas, entre otras divisas del Viejo Continente, se despidieron y dieron pie al nacimiento de la nueva moneda unificada europea: el euro.

El 1 de enero de 2002, 12 de los 27 países miembros de la Unión Europea adoptaron la nueva divisa, que en la actualidad es la segunda moneda más intercambiada a nivel global luego del dólar.

A las doce naciones originales con el paso del tiempo se sumaron siete más y en la actualidad suman en total 19 los países europeos que adoptaron al euro como moneda.

Si bien las discusiones por la adopción de una moneda única en el Viejo Continente se remiten a los años sesenta, la idea cobró mayor fuerza en 1979 con la creación del Sistema Monetario Europeo (SME), un acuerdo multilateral donde los diversos países de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) vincularon el tipo de cambio de sus diversas monedas, permitiendo una limitada fluctuación de las mismas.

El Tratado de Maastricht de 1992, que implicó la creación de la Unión Europea (UE), además de establecer directivas para la cooperación en la política exterior, de seguridad y de justicia; y un mercado único para la libre circulación de personas, mercancías y capital, dispuso normas estrictas para la adopción de lo que sería la futura moneda única, incluyendo topes para la inflación, el déficit (no mayor al 3% del PBI), la deuda (no más del 60% del producto), las tasas de interés y los tipos cambiarios.

Desde entonces, comenzó una década de preparación para la entrada del euro: su introducción inicial se produce el 1 de enero de 1999 cuando se fijaron los tipos de cambio del euro con cada moneda nacional, una cotización aunque era "invisible" para el ciudadano común ya que sólo se utilizaba para operaciones de contaduría y pagos electrónicos.

En ese marco, el 1 de enero de 2002 los billetes y monedas de euro pasaron a ser formalmente de curso legal en doce países: Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Grecia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal.

Desde ese día, los cajeros automáticos comenzaron a suministrar los nuevos billetes y se podía concurrir a los bancos a intercambiar los viejos billetes y monedas de cada uno de esos países por la nueva divisa.

No obstante, en los negocios y comercios continuaron aceptando las antiguas monedas por dos meses luego de la introducción, bajo el tipo de cambio fijado por la autoridad monetaria europea.

En el proceso, si bien hubo cierta escasez en la primera semana de monedas, no se registraron mayores problemas aunque algunos negocios aprovecharon el cambio de divisas para "redondear" al alza sus precios, lo que generó un malestar inicial en los consumidores.

Algunos países como Alemania aceptaron mantener de manera indefinida el canje de sus viejos billetes, mientras que otros como España dieron un plazo específico y las pesetas que no fueron cambiadas hoy solo tienen un valor afectivo o son empleadas como souvenir.

En el caso del país ibérico, cientos de españoles esperaron hasta la fecha límite en junio de este año registrándose largas colas en las 16 oficinas regionales del Banco de España.

De acuerdo a la agencia Bloomberg, dos décadas después, aún hay 8.500 millones de euros en efectivo denominado en las monedas nacionales abandonadas.

Se desconoce el motivo de porque aún no fueron canjeados ni si en algún momento se lo hará, aunque se presume que mucho de ello proviene de antiguos ahorros olvidados bajo colchones, o como simple recuerdo.

A lo largo de estos veinte años surgieron diversos movimientos euroescépticos que pretendieron el regreso al control nacional de la moneda por los bancos centrales locales de la mano del separatismo del bloque multilateral.

En Italia, por ejemplo, el partido nacionalista de derecha Lega Nord liderado por Matteo Salvini, pretende el regreso de la lira. Una posición similar, aunque abandonada desde hace unos años en simultaneo a su ascenso al poder, la tuvo el mayoritario Movimiento Cinco Estrellas.

Por el contrario, se espera que países como Bulgaria y Croacia adopten el euro entre 2023 y 2024 luego de cumplir con los criterios requeridos, mientras que Rumania lo haría a fines de esta década.

Países como Republica Checa, Hungría y Polonia se mantienen fuera de la Eurozona, mientras que Escocia y Dinamarca celebraron referéndums en 2003 y 2000, donde sus ciudadanos, con el 53,2% y el 55,9% de los votos, decidieron que sus países quedaran por el momento afuera del euro.

El resultado del sufragio danés fue notable ya que el país iba a ser inicialmente uno de los que inauguraría el euro.

Esa votación también derrumbó en parte los planes del por entonces primer ministro británico Tony Blair de realizar un referéndum similar en el Reino Unido luego de cumplir con un criterio interno de cinco puntos.

La posición británica refractaria a exponerse a las posibles turbulencias económicas del euro, el mayor valor de la libra, una opinión pública mayoritariamente en contra del cambio, la etapa conservadora en Reino Unido inaugurada desde la asunción en Downing Street de David Cameron en 2010, y, luego, el referéndum que determinó la salida del Reino Unido del bloque en 2016, selló cualquier posibilidad de abandono de la libra.

Su diseño de arquitecturas ficticias reflejada en puertas, ventanas y puentes inspiradas por estilos presentes en el continente, será objeto de una revisión en 2024 con el Banco Central Europeo convocando a un concurso de diseño y consultas a los ciudadanos.

Si bien su fachada se mantuvo casi inalterada en estas dos décadas, por detrás del euro la política económica y monetaria de estabilidad sumamente restrictiva y ortodoxa, inspirada en el modelo del Bundesbank (el banco central alemán), fue subsecuentemente revisada y debatida en las siguientes décadas, sobre todo luego de la crisis económica de 2008 y tras la crisis desatada por la pandemia de coronavirus.

El Banco Central Europeo (BCE) adoptó entonces millonarios programas de compra de bonos con un creciente intervencionismo (aunque sin abandonar las metas de estabilidad), desde la asunción en la entidad del actual primer ministro italiano, Mario Draghi en 2012; y actualmente con Christine Lagarde, la ex directora del Fondo Monetario Internacional (FMI)

Pese a su continuada aspiración de superar al dólar como moneda de reserva e intercambio, el euro se mantuvo como la segunda divisa en una posición similar a lo que fue el franco francés y el marco alemán.

La crisis de deuda que atravesó el continente provocó que, tras alcanzar un pico de 27,66% de las reservas mundiales en 2009, las mismas caigan actualmente a cerca del 21%. Esto ultimo se reflejo en su valor, el cual tras superar al dólar en julio de 2002, alcanzó un récord de US$ 1,60 en 2008, para, actualmente, cotizar a US$ 1,13.

No obstante, así como la libra esterlina y el oro, en su momento, dejaron de ser el punto de referencia, para darle el trono al dólar; nada está dicho sobre lo que ocurrirá con el euro, una divisa que ya marcó una época.

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