Hace 30 años explotaba el grunge, un grito desesperado de los chicos solitarios y tristes

Pasado Perfecto Radio 30 de agosto de 2021 Por Rafael Guardo
A finales de agosto de 1991 se editaban “Ten”, el disco debut de Pearl Jam, y “Nevermind”, placa consagratoria de Nirvana, dos obras que provocarían la explosión mundial del sonido grunge.
grunge

Hace 30 años, con apenas unas semanas de diferencia, se editaban “Ten”, el disco debut de Pearl Jam; y “Nevermind”, placa consagratoria de Nirvana; dos obras que provocarían la explosión mundial del sonido grunge, el estilo musical originado en la próspera ciudad industrial de Seattle, a través del cual la llamada Generación X manifestó su angustia existencial.

Las guitarras distorsionadas y estridentes, las melodías pegadizas y las desoladoras líricas del grunge expresadas en las mencionadas bandas, a las que se le sumaron Soundgarden y Alice in Chains, entre otras; aparecieron en respuesta a una década marcada por la fiesta pop de sintetizadores y pelos batidos, y el boom de la fálica diversión propuesta por el llamado hair metal, con Poison, Bon Jovi, Cinderella y Twisted Sister, entre algunos de sus cabales exponentes.

Pero este género musical también fue el grito hastiado aparecido en Estados Unidos con todo su esplendor, a principio de los `90, tras varios años de políticas neoliberales aplicadas por gobiernos republicanos, que alimentaron toda una generación dominada por el consumismo, el individualismo y el cinismo.

Precisamente, el grunge irrumpió con fuerza mundial en tiempos en que este discurso emanado desde el Norte parecía volverse hegemónico ante las “incuestionables evidencias” que proporcionaban la caída del Muro de Berlín y la desintegración del bloque soviético, que el politólogo Francis Fukuyama resumió con la totalizadora expresión “El fin de la historia”, con la que tituló su famoso libro.

“La gente conoció el grunge en 1991 pero se venía gestando desde hacía un tiempo en Seattle, en el noroeste de Estados Unidos, que fue una ciudad que tuvo un boom industrial muy fuerte a partir de los `70 y que la convirtió en una de las ciudades más desarrolladas del país. Es decir que había una prosperidad económica pero, por otro lado, había toda una masa de jóvenes que se sentía un poquito alienada por la falta de chances de darle una orientación creativa a su vida. La solución para esa crisis existencial, una vez más fue la música de rock”, contextualizó a pedido de Télam el periodista especializado Alfredo Rosso.

Por su parte, el escritor y filósofo Gito Minore amplió que la llamada Generación X surgió luego de años de gobiernos neoliberales en Estados Unidos, como un estadío posterior a la aparición de los “yuppies”, los jóvenes ejecutivos consumistas e individualistas.

“La Generación X fue una etiqueta para denominar a los `post-yuppies´. Eran también individualistas, pero nihilistas. Estaba esa sensación de sentirse solos”, apuntó Minore.

En este punto, Rosso se posicionó de manera diferente al advertir que “esa Generación X, que se identificó con las letras desangeladas de (Kurt) Cobain, no era tanto nihilista, sino más bien crítica de sí mismo, de la sociedad que la rodeaba y de las relaciones”.

“Hay un dejo de ironía, pero también de tristeza en esa sensación que se parece mucho al `No Future” de Sex Pistols”, en medio del furor punk ocurrido en 1977, advirtió el periodista.

A nivel sonoro, el grunge reunió distintos elementos entre los que aparecen el hard rock y las melodías pop; a lo que se le sumaron factores más ligados a la actitud y la ira punk y a una “antiestética”.

“Ese rock de Seattle tiene varios agentes tributarios. Por un lado estaba el hard rock de Black Sabbath, el hard blues de Led Zeppelin, ese desenfreno que tenían Los Stooges de Iggy Pop, y esto combinado con una actitud punk a mitad de camino entre Los Sex Pistols y los grupos de la costa oeste como Black Flag o Los Death Kennedys”, analizó Rosso.

Pero contexto social y político, influencias musicales y actitudes se entrelazan a la hora de deconstruir con mayor profundidad este género, debido a que la estética contraria a lo glamoroso, las expresiones en las líricas y lo sonoro confeccionaron un todo indisoluble y, casi, innegociable.

“Fue una movida necesaria al final de una década que, desde el punto de vista musical, había empezado con mucho ímpetu y después, en lo que atañe al rock, se había diluido un poco. Estaba el glam metal o hair metal, que era divertido pero le faltaba esa cosa más comprometida líricamente que históricamente tenía el rock de otras décadas. El grunge devuelve un poco esa sensación de pertenencia y de orfandad que siente esa generación que crece a finales de los `80 y principio de los `90”, amplió el periodista.

Pero aunque todos los caminos sonoros –en especial por las estridentes distorsiones-, filosóficos y estéticos encuentren parangón con la movida punk, ocurrida poco más de diez años antes del boom grunge, había algunas diferencias sustanciales entre ambas corrientes.

Por un lado, con el grunge ya no corría demasiado esa idea del “hágalo usted mismo” que rigió al punk, lo que derivó en músicos mucho más competentes, aunque, como bien señaló Rosso, “sin necesidad de grandes muestras de virtuosismo, sino siempre al servicio de la música”.

Los motivos de disconformidad expresados en las letras también eran distintos porque mientras la música punk apuntaba a una crítica social intensa, el grunge no estaba centrado en cuestionar políticas o en autodefinirse como marginados económicamente, sino en algo más existencial, relacionados con los propósitos en la vida.

Por oposición al consumismo de los `80 y al glamour en la industria musical, el grunge también se posicionó como una estética “antiestética”, a partir de que sus principales figuras vestían de la misma manera en que podían hacerlo cotidianamente sus fans, acaso inspirado en Creedence Clearwater Revival o en Neil Young, dos de los grandes referentes del género.

El suicidio Kurt Cobain en 1994 y la consecuente disolución de Nirvana, además de la desintegración de otros grupos, y la fuerte irrupción de otros géneros, como el britpop, marcaron el declive del grunge en la segunda mitad de esa década, más allá de la permanencia en los primeros planos de la escena de Pearl Jam y Soundgarden.

Sin embargo, diversos analistas no dudan en afirmar que el grunge fue la última gran revolución ofrecida por la cultura rock.

“No sé si fue la última movida importante, pero tiene algún fundamento si ves que no hubo otra tan significativa. Hubo bolsones, como el britpop, que si bien tuvo bandas muy populares, la verdad es que no vas a ver chicos con remeras de Oasis o Blur”, opinó Rosso, quien aceptó que “en ese sentido, fue la última movida que produjo un efecto emocional muy fuerte”.

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