Había que cumplirle a Roxana Paulón el sueño de la mostera propia

Locales 25 de marzo de 2021
Cuando toda la uva del departamento podría procesarse en Tinogasta, que cuenta con una mostera con capacidad para 5,5 millones de litros.
Parque Indutrial Tinogasta 3

La suspensión por parte del Instituto Nacional de Vitivinicultura de las actividades de la mostera “La Indómita”, ubicada en Medanitos, Fiambalá, detonó un conflicto en el que se aventuraron versiones sobre una operación tendiente a perjudicar el emprendimiento, adjudicada a la parte de privada de la mostera localizada en Tinogasta. 

La medida obedeció, en realidad, a que inspectores del INV constataron que “La Indómita” había producido vino cuando la planta solo está autorizada para mosto. Además, no estaban cargados los Controles de Ingreso de Uva, por lo que no había registros de a quién le habían comprado la cosecha, y la documentación presentada al pedir la habilitación era defectuosa. Es decir: nadie le está limando la chapa a la mostera Fiambalense, el cierre temporal se debió a la negligencia o falta de experiencia de quienes la administran.

Los productores vitícolas que habían colocado allí su cosecha cortaron la ruta para protestar con el razonable argumento de que, por problemas de la mostera con los que no tenían nada que ver, el fruto de su trabajo perdía peso en los camiones y se echaría a perder. Ya con menos razón, asumieron la conducta del perro del hortelano –del vegano, vendría a ser ahora- e impidieron el paso a los productores que debían llevar su carga a la planta de Tinogasta. 

Orden judicial mediante, el piquete se despejó en pocas horas, con incidentes, pero quedó el interrogante sobre el sentido que tiene poner a competir dos mosteras en un radio de 70 kilómetros, sobre todo porque la instalación de ambas fue financiada por el Estado, a través de la empresa AICAT.

Cuando empezó a reinstalarse la idea de que Nación avance con el Corredor Bioceánico para aceitar el comercio hacia el Pacífico a través de los pasos transandinos del Noroeste, el gobernador Raúl Jalil planteó una idea interesante. Dijo que, si bien el ferrocarril a través de la cordillera está todavía muy verde, había que empezar a utilizar el Paso de San Francisco para exportar. “El movimiento comercial estimulará el proyecto del Corredor Bioceánico. Es cuestión de empezar”, consignó.

Si se consideran los principios que han regido y rigen la inversión pública en Catamarca, donde la vocación por los cortes de cinta ha llevado a gastar millonadas en estructuras inservibles, se trata de una perla conceptual. 

El movimiento, a criterio del mandatario, es inverso al que se postula habitualmente: la actividad económica genera la demanda de infraestructura siempre, pero no ocurre lo mismo siempre al revés.

El Paso de San Francisco es un ejemplo concreto. Se inauguró el asfalto del lado argentino en 1999 pero recién dos décadas más tarde se comenzará a utilizar, por iniciativa del Gobierno en alianza con el bodeguero Juan Longo, para exportar mosto a los puertos del norte chileno, y de ahí a Sudáfrica. 

Si este circuito prospera y se le suman otros que consoliden los vínculos comerciales de la región, seguramente Chile acelerará el acondicionamiento de las rutas de su ladera cordillerana. El volumen y la intensidad de la circulación justificará el tren. Faltaría que se lo haga y tenga que estar, como el Paso de San Francisco, veinte años dele requerir mantenimiento hasta que algún fenómeno lo torne útil para el desarrollo económico.

Como la demanda genera la oferta, las necesidades productivas incentivan la inversión.; ¿Qué necesidad había de abrir una mostera en Medanitos si a 70 kilómetros está la de Tinogasta, con capacidad para 5,5 millones de litros? ¿Se hizo algún estudio para determinar si era conveniente? ¿El Estado financia su propia competencia? 
Es absurdo.

Toda la uva del departamento podría procesarse en Tinogasta, pero pareciera que había que cumplirle a la intendenta Roxana Paulón el sueño de la mostera propia.

Elancasti

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