Por qué cuanto más nos esforzamos por dormir, menos podemos dormir

Más Noticias 06/11/2022
La obsesión por dormir y no conseguirlo acaba provocando ansiedad y estrés, y esto llevará al temido insomnio, un mal que sufre buena parte de la población alguna vez en su vida.
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A más de una persona en este mundo le ha sucedido: se tumba en la cama, dispuesto a conciliar el sueño después de una noche agotadora y, simplemente, no puede. Comienza a agobiarse pensando que al día siguiente tiene que madrugar, que está muy cansado y que lo estará más si no se relaja y se duerme, pero pasan los minutos y las horas y el estrés por intentar dormir y no conseguirlo es cada vez mayor. Si esto se repite durante varios días y a la persona le cuesta cada vez más relajarse para poder coger el sueño, acabará adquiriendo un comportamiento ansioso, de activación de lucha-huida, cuando se meta en la cama. La obsesión por dormir y no conseguirlo acabará provocándole ansiedad y estrés, y esto llevará al temido insomnio, un mal que sufre buena parte de la población alguna vez en su vida.

 Es una profecía autocumplida: creer que no podrás dormir y por tanto no conseguirlo. O desearlo con tanta fuerza que estamos demasiado nerviosos durante el proceso para conseguirlo. Nos quedamos dormidos como nos enfermamos o enamoramos, no es una acción activa sino una rendición. Pero en una sociedad estresada en la que se deben conseguir las cosas en el momento, es normal atravesar estos periodos de ansiedad con los que viene la vigilia. Y la experiencia frustrante de pasar largo tiempo acostado en la cama sin que llegue lo que debería ser algo natural es terrible. Cuanto más nos enfocamos y preocupamos, más nos alejamos del sueño.

Pasamos alrededor de un tercio de nuestras vidas en este estado inconsciente que no podemos inducir y que no recordamos, sin embargo, nuestra salud mental y física depende en gran medida del sueño. En el momento en que nos quedamos dormidos, ya no somos conscientes de ello. Lo que sí recordamos, sin embargo, son los repetidos intentos fallidos de dormir, que pueden acumularse en una asociación mental: la hora de acostarnos equivale a estrés y esfuerzo. Con insomnio, estamos tratando de conducir el coche, estamos tratando de decirle al sueño qué hacer y cuándo hacerlo. Dormir simplemente no funciona de esa manera.

Hay muchas fórmulas y recomendaciones, así como prácticas relacionadas con la higiene del sueño, que vienen a intentar que consigamos lo que es natural en nuestro cuerpo, pero que a veces puede cambiar. Para los noctámbulos, la hora de acostarse no tendrá sentido hasta más tarde. Los madrugadores deberían ceder a sus bostezos antes. Los adolescentes a menudo necesitan quedarse despiertos hasta tarde antes de poder conciliar el sueño, mientras que las personas mayores prefieren terminar el día mucho antes de eso. Es aconsejable obedecer nuestro cronotipo para aumentar nuestras posibilidades de un sueño reparador, según informa 'Psychology Today'.

A día de hoy, dejando las pastillas a un lado, lo que realmente ayuda a reestructurar nuestros pensamientos para abordar el temido insomnio es la terapia cognitivo conductual. Permite a las personas llegar al lugar donde el sueño se produce de forma natural, para rendir sus esfuerzos por controlar el sueño. La TCC capacita a las personas para abordar la paradoja de que cuanto menos intentamos ciertas acciones, más éxito podemos tener en ellas. Algunas cosas, desde la respiración hasta los golpes de golf, son mejores cuando dejamos de concentrarnos tanto.

 Esta terapia puede abordar la raíz del insomnio al ayudar a las personas a aliviar la preocupación y el estrés que acompañan a la hora de acostarse. Libera al cerebro de las asociaciones negativas que se han acumulado cuando el insomnio se apoderó de él y restablece el comportamiento automático natural y la mentalidad de quedarse dormido involuntariamente.

El sueño en sí es el ingrediente secreto de la terapia cognitivo conductual. Quedarnos dormidos cuando nos acostamos y volvernos a dormir cuando nos despertamos durante la noche es algo que el sueño hace para nosotros y por nosotros. No puede ser deliberado. El que duerme bien duerme igual que camina o habla: sin pensarlo. La terapia nos ayuda a volver a aprender cómo abandonar la vigilia, dejar que el sueño suceda y, lo que es más importante, dejar de tratar de dormir intencionalmente. Si cedemos el control, puede comenzar el verdadero trabajo del sueño.

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