A 7 años de la primera marcha "Ni una menos": Cuál es el desafío hoy

Sociedad 03 de junio de 2022 Por Susana Dicastro
En junio de 2015, hastiadas por los femicidios, unas 300 mil mujeres se movilizaron en el país. Ni una menos, era el grito que aunaba a personas de distintas edades, colores políticos, valores y estratos sociales.
Ni una menos

Otoño de 2015. Chiara Páez tenía 14 años cuando desapareció de su casa en Rufino, Santa Fe. Su familia denunció el hecho y el cuerpo de la joven apareció enterrado en el patio de la casa de un familiar de Manuel Mansilla. Él era su novio y la justicia señaló que la había matado a golpes. 

Fue el 10 de mayo. Domingo. Podría haber sido un hecho aislado, una nota policial más de tantas que se publican en los diarios. Pero no. Ese año, según el Registro Nacional de Femicidios hubo 235 víctimas directas de femicidios. Poco menos de uno por día. La noticia seguía caliente cuando aparecía un nuevo cuerpo. El dolor por las vidas truncadas fue tan grande que atravesó a toda la sociedad. "Nos siguen matando", repetían las mujeres en sus charlas y en sus redes.

Sin imaginar lo que vendría después, la periodista Marcela Ojeda prendió la mecha con un tuit que decía: "Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales... mujeres, todas, bah.. no vamos a levantar la voz? Nos están matando". Y la pregunta picó. Hubo respuestas. Alguien sugirió una fecha y el miedo de las mujeres -suma de muchísimos temores fundador en la realidad- dejó de ser paralizador y se convirtió en una fuerza movilizadora. El miércoles 3 de junio de 2015 más de 300 mil mujeres marcharon al Congreso. 

No importaba nada más que el lema que aun hoy se mantiene encendido: Ni una menos. El deseo de defender la vida -tantas vidas- amalgamó las diferencias de edad, estilo, clase social, creencias religiosas, colores políticos. Así fue el primer Ni una menos. 

Qué pasó después de ese primer "Ni una menos"

El grito de Ni Una menos fue mutando con el paso del tiempo. Se sumaron consignas como "Hermana, yo sí te creo", surgida para apoyar a la víctima de una violación en grupo ocurrida en España que luego fue conocida como "La Manada". Y más tarde acciones como #MeToo o, a nivel local, "Mirá cómo nos ponemos". 

Y pasaron cosas. La voz de las mujeres se escuchó. La movilización -física- a la Plaza del Congreso activó a la sociedad y la política. Comenzaron a visibilizarse situaciones de violencia que las mujeres padecen a diario: un signo de ello fue que el teléfono de asistencia a las víctimas de violencia de género en la Ciudad de Buenos Aires, recibió un 300% más de llamados luego de esa marcha. Un año antes la Corte Suprema de Justicia había inaugurado el registro de femicidios, luego distintos observatorios comenzaron a trabajar en ese relevamiento contando también a las víctimas indirectas.

ni una menosCerca de 2000 mujeres víctimas de femicidios desde el nacimiento del "Ni una Menos"

El Congreso debatió leyes. Entonces, ya estaba vigente la Ley 26.485, de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales que había sido sancionada en 2009. A partir del primer Ni una menos, se sancionaron otras leyes que tendieron a complementarla. En 2015 sancionó la Ley 27.234 Educar en Igualdad: Prevención y Erradicación de la violencia de Género, cuyo fin es promover prácticas para que alumnos y docentes ayuden a prevenir y erradicar situaciones de violencia. Sancionada ese mismo año, la Ley 25.929 de parto humanizado, busca garantizar el derecho de las mujeres en el momento de parir. En 2018 se sancionó la Ley 27.452, más conocida como Ley Brisa, por la que el Estado brinda asistencia económica a los hijos de mujeres víctimas de femicidio y un año más tarde se aprobó la Ley Micaela (Ley 27.499), para que todos los trabajadores de los tres poderes del Estado reciban formación en cuestiones de género. En diciembre de 2020, en medio de la cuarentena y en una sesión maratónica, el Congreso aprobó la cuestionada Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo por las que muchas mujeres en todo el país salieron a manifestarse a favor y en contra. 

Qué falta todavía y por qué es importante volver a gritar al unísono "Ni una menos"

En 2015 cuando se realizó el primer Ni una menos, hubo un número alarmante de femicidios. Murieron 235 mujeres. No llegaban a pasar dos días entre una muerte y otra. El número era alarmante. Y, contra todo pronóstico, hoy es aun peor. Según el Observatorio Ahora que sí nos ven en lo que va de 2022 hubo un femicidio cada 29 horas. Si la tendencia se mantiene, a fin de año habrá habido más de 300 mujeres asesinadas por motivos de género. 

"Es muy difícil cambiar un paradigma de tantos miles de años de patriarcado en el que en todo el sistema penal y cultural la mujer fue tratada como un ciudadano de segunda categoría. Creo que el Estado lo que les debe a las mujeres es m{as presupuesto para cumplir con la Ley brisa de reparación económica para niños y niñas que quedan huérfanos en casos de femicidio, más políticas de prevención o herramientas de prevención para casos de violencia doméstica, más campañas de concientización para que las mujeres entiendan que están atravesando una relación violenta", enumera Aduriz. Señala al Poder Judicial como el "gran deudor" no sólo en cuestiones de violencia de género sino de violencia en general. "Una vez que la mujer hace la denuncia, el tema de las perimetrales, las medidas de prevención para que el violento esté preso, eso deja mucho que desear. Los jueces y juezas no tienen perspectiva de género y eso es tremendo. Hay muy poquitos lugares. De hecho, la Corte Suprema tiene una sola oficina de violencia doméstica en CABA para que la gente pueda denunciar y eso es una barbaridad. Falta gente que tome las denuncias y sepa abordar a las víctimas". 

Además señala un elemento clave: "Faltan refugios para que las mujeres puedan salir del estado de emergencia y no convivan con el violento porque cuando la mujer denuncia el violento estalla y generalmente se produce el femicidio si la mujer tiene contacto porque el violento no se detiene. Así que si, hay una deuda. Una vez destapada la olla es muy difícil de detener y hay que actuar", asegura. 

Y recupera el poder que tuvieron y tienen las marchas Ni una menos. "El gran paso ya está dado y ahora tenemos que encontrar la manera de seguir trabajando por el mismo objetivo. Que no haya Ni una menos", remata Aduriz. 

"Me mandé una cagada", la lista que no para de crecer

Un experimento Google permite tomar dimensión de esta escalofriante realidad. Al colocar un nombre de mujer en el buscador junto a la palabra "hallada", el resultado es estremecedor. Más aun al comprobar que los resultados son similares al usar otros nombres.

Un segundo experimento permite ver la realidad desde otro ángulo: los resultados al buscar la expresión "me mandé una cagada" son una sucesión de hechos delictivos. Fue la expresión que usó Matías Ezequiel Martínez acusado de matar a Úrsula Bahíllo. Pero no fue el único. También la usó Juan Jesús Silva señalado por el doble crimen de Vera Ylda Oviedo y su hija Luzmilda María Gauto. Fueron las palabras de Luis Tobías Zuchelli, acusado del femicidio de Emilse Ayala. Y la lista sigue. Y es mucho más larga y variada de lo que uno podría pensar. 

¿Entonces? Qué hacer para construir vidas libres de violencia

La socióloga María Elena Critto, que coordina el programa Líderes para el Bien Común, relata que cuando llegaron al módulo de violencia en la primera edición del taller "surgieron un montón de casos de mujeres que habían sufrido violencia. Cuando uno ve los datos se da cuenta de que no podemos estar afuera de eso sino que hay que formarnos y formar equipos para la prevención y la detección temprana de violencia", cuenta. 

Según una encuesta realizada por Voices Consultancy en 39 países, Argentina lidera el ranking de violencia física o psicológica hacia las mujeres. Un 37% de las encuestadas reconocieron haber padecido violencia física o psicológica durante el último año y el 15% manifestó haber sido víctima de acoso sexual en los últimos 12 meses.

"Quizás hay algo que estamos haciendo mal. Los números muestran que sube la violencia. Si vamos a usar violencia contra la violencia, claramente no va salir bien", dice refiriéndose a que la radicalización no ayuda a erradicar la violencia. Y agrega: "La violencia se disminuye con paz, con respeto a la persona, al otro y a las diferencias. Cuando eso falta no podés construir. Lo que veo es que hay sectores radicalizados que no respetan a los otros", señala. Y remarca la importancia de trabajar con la comunidad, haciendo a todos partícipes. "No estamos respetando la diversidad", dice y reconoce que eso ayuda a que se reproduzcan las violencias.

"Lo que cambia la realidad son las acciones de las personas. Tomar conciencia de los hechos de violencia es un paso. Pero registrar no es suficiente. Hay que llegar antes y para eso es importante el compromiso de la sociedad. Creo que hay un error en segregar y en no hacer partícipes, por ejemplo, a los hombres catalogándolos como un colectivo de 'personas malas'", señala y agrega que "no es sólo violencia contra la mujer". En la misma línea, enumera acciones en pos de erradicar la violencia: "Es fundamental llegar antes, identificar situaciones en el entorno, poner límites, ayudar a que las personas se respeten", dice. Enfatiza la importancia de la educación de los niños y adolescentes a quienes, dice muchas veces se les enseña más a buscar el egoísmo y la propia satisfacción antes que el respeto por sí mismos y por los demás. "Lo que está pasando nos interpela como sociedad a valorar a cada persona, escucharnos, respetarnos y construir entre todos el bien común y la paz", concluye Critto. 

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