Falsos yogures: Los "Bebibles" ganan lugar en las góndolas

Más Noticias 30 de mayo de 2022 Por Roly Villani
Con la crisis y la alta inflación, proliferan estas bebidas lácteas que, sin ser tampoco leches, se ofrecen a un precio más barato y con un cuestionado contenido nutricional.
Bebibles

Ocupan un lugar cada vez más importante en las góndolas de lácteos. En los grandes supermercados los colocan entre los yogures y las leches. Pero no son ninguna de las dos cosas. En una industria tan proclive a lanzar cada nuevo producto con campañas millonarias que los publicitan como revoluciones alimentarias, su presencia se gestó de forma silenciosa. Y con la crisis de los últimos años y la alta inflación, su presencia va en ascenso. Las llaman Bebidas Lácteas, se las puede ver con el rótulo de «Bebibles» ofreciendo distintos sabores, y son, mas bien, un producto de muy baja calidad nutricional, amparado en un mercado concentrado donde los grandes jugadores imponen las reglas. Nadie o casi nadie las elige por voluntad. La primera razón de su venta es su bajo precio. La segunda, la confusión de las y los consumidores. Creen estar comprando un yogur. Pero están lejos de serlo.

Las Bebidas Lácteas se venden en sachets y tetrabricks de un litro y de 250 cc. Con una calculada semejanza, se las encuentra con sabor a vainilla, frutilla, banana y multivitaminas. En letras grandes dicen «Bebible», algunos se atreven a incluir la leyenda «nutrición reforzada», y su estética y sus colores son muy similares a los yogures. Pero ¿qué son?

Para saber de qué se trata este misterioso producto hay que retrotraerse a noviembre de 2018, cuando, sin bombos ni platillos, se publicó en el Boletín Oficial una Resolución Conjunta entre la Secretaría de Gestión y Regulación Alimentaria y la Secretaría de Alimentos y Bioeconomia.

Uno de los impulsores fue Andrés Murchison, secretario de Alimentos y Bioeconomía del Gabinete de Luis Etchevehere, ministro de Agroindustria de la Nación bajo la gestión del Mauricio Macri. Murchison es un productor ganadero del sur cordobés, activo defensor en las redes de los tractorazos y partidario de la disminución de impuestos a los grandes productores y exportadores.

La Resolución Conjunta 9/18 modificó el artículo 578 del Código Alimentario Argentino, según reconoce el texto oficial, a sugerencia del Centro de la Industria Lechera. Es decir, la cámara de empresarios del sector. El cambio consistió en agregar este texto: «Se entiende por Bebidas Lácteas los productos obtenidos a partir de la leche y/o leche reconstituidas y/o leches fermentadas y/u otros derivados de origen lácteo, con o sin el agregado de otras sustancias alimenticias y en los que el contenido de ingredientes de origen lácteo es como mínimo del 51% (m/m) de la totalidad de los ingredientes del producto listo para consumo”.

Esa misma resolución explica, en su punto 3.2, que “se entiende como ingredientes de origen lácteo: leche y/o leche reconstituida (estandarizadas o no en su contenido de materia grasa) y/o sueros y/o cultivos de bacterias específicas y/o bífidobacterias, leches fermentadas, leche concentrada, crema, manteca, grasa anhidra de leche o butteroil, leche en polvo, dulce de leche, caseinatos alimenticios, proteínas lácteas –concentradas o no–”. Para ser considerada Bebida Láctea debe, entonces, estar constituida en un 51% por alguna de estas cosas.

El texto de la resolución argumenta que la modificación al Código Alimentario se sustenta en que «la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destacó la importancia de los sueros como una de las fuentes de proteínas de origen animal que no están plenamente integradas a las cadenas de producción de alimentos para la población humana”. Para resolver esa integración del suero, a la industria y a los funcionarios de aquel entonces se les ocurrió incorporarle saborizante y colorante, empaquetarlo como si fuera yogur o leche, ponerle un nombre ambiguo e introducirlo en las heladera de los lácteos.

El modo de presentación es clave. En los envases de los Bebibles se promociona en letras grandes la presencia de vitaminas. Mucho más pequeño, un letrero aclara: “No es sustituto de la leche”. Pero al observar abajo a la izquierda de su sachet, se lee en letras que en realidad es “bebida láctea fermentada endulzada descremada”. Nunca aparece la palabra “yogur”.

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