A 30 años del homenaje que unió al mundo del rock

Pasado Perfecto Radio 20/04/2022 Por Rafael Guardo
el 20 de abril de 1992, un seleccionado de grandes figuras de la música acompañó a Queen en el concierto en tributo a Freddie Mercury.
Homenaje a Freddie Mercury

Todavía no habían pasado los cinco meses de la muerte de Freddie Mercury cuando Queen, con el elenco más impresionante de figuras invitadas de la historia para el recital de una banda, se presentó en el estadio de Wembley. Fue treinta años atrás.

El 24 de noviembre de 1991, el día de la muerte de Freddie, sus compañeros decidieron que antes de pensar cómo seguir adelante, le harían una despedida a su altura: majestuosa. Y tenía que ser sobre un escenario. Supieron en ese mismo momento que para reemplazarlo debían convocar decenas de grandes cantantes, que nadie podía hacerlo por sí solo.

Las 72.000 entradas disponibles se agotaron en unas pocas horas a pesar de que no se sabía quiénes participarían. El recital se había anunciado como Queen y figuras invitadas.

Mientras la ansiedad del público crecía, en privado a la banda le llegaban decenas de ofrecimientos. Parecía que todas las estrellas de la música querían estar presentes, ser parte del homenaje, ponerse al menos por un rato la corona de Freddie. 

Temprano, todavía en la tarde del 20 de abril de 1992, los tres integrantes de Queen ingresaron al escenario. Hablaron con el público (¡hasta John Deacon lo hizo!), agradecieron la presencia y presentaron al grupo que iniciaría el show. Metallica fue la primera banda. Enter Sandman levantó a Wembley por primera vez en la jornada. Luego llegó Extreme que en esos días sonaba por todos lados con More Than Words. Hicieron además de su hit, un medley de temas de Queen. Siguieron pasando los invitados. Bob Geldof (omnipresente en este tipo de eventos; un reconocimiento para el organizador del Live Aid, evento en el que Queen llegó a la cima del mundo del rock cinco años antes), Def Leppard, U2 desde California, Guns N’ Roses y hasta Spinal Tap. Esa primera parte finalizó con una intervención de Elizabeth Taylor sobre la importancia de apoyar las investigaciones científicas sobre el Sida y sobre la difusión de las medidas de prevención. El público se descolocó un poco con el ingreso de la actriz. Querían seguir saltando con las canciones, estaban ansiosos por la aparición de Queen y se escucharon algunos silbidos. Pero ella con aplomo y un manejo escénico único pidió ser escuchada. Su discurso fue directo y contundente. Dijo que Freddie se había ido demasiado pronto, que no permitieran que eso siguiera sucediendo. Habló con naturalidad de sexo heterosexual, homosexual y bisexual e instó a todos a utilizar preservativas. Se despidió con una ovación.

La segunda parte del show estaba por comenzar. Como intermedio, un video compilando interacciones de Freddie con el público en sus recitales. Tras un apagón comenzó lo que todos esperaban: Queen estaba sobre el escenario. Con célebres cantantes invitados.

Cada espectador puede tener sus interpretaciones favoritas de esa noche. Algunos descollaron de manera irrefutable como George Michael o el dueto Bowie-Lennox, otros pudieron emocionarse con la impensada unión entre Elton y Axl, alguno habrá disfrutado del número colectivo final. Pero lo sorprendente de cada interpretación fue su solidez, lo conectados que los cantantes estaban con la banda. En este tipo de conciertos tributo, con un desfile de figuras, se valora más el crossover, la sola presencia en el escenario de estrellas que no se habían cruzado antes, que la calidad interpretativa. Pero la ética de trabajo de Queen, la solidez de sus intérpretes y los ensayos que le impusieron a los invitados hicieron que las performances fueran, en el mayor de los casos, ajustadas y sólidas. No existieron esos desniveles o el aire de viaje de egresados que suele dominar estos eventos. Tal vez el único traspié mayor fue el de Robert Plant y el embrollo que se hizo con la letra de Innuendo, tema que hicieron porque Freddie lo había compuesto inspirado por Led Zeppelin. Plant estuvo semanas trabajando con el tema pero nunca pudo memorizar sus versos. Como resguardo, le pegaron en el piso del escenario una gran cartulina con la letra pero no sirvió; en medio de la interpretación se perdió. En las reediciones que tuvo el concierto siempre se salteó Innuendo de la lista de temas.

Para empezar a la banda se les sumaron Slash y Joe Elliot de Def Leppard en Tie Your Mother Down. La primera estrofa la cantó Brian May como un símbolo, como un guiño a su ex compañero. Después vinieron Roger Daltrey, Tommy Iommi, James Hetfield y Zucchero.

Wembley se estremeció cuando Robert Plant pisó el escenario. Más allá del traspié de Innuendo, hicieron una gran versión de Crazy Little Thing Called Love.

Después les tocó a Lisa Stansfield, Seal (hermosa versión de Who Wants To Live Forever) y Paul Young remedando pálidamente el ida y vuelta con el público que era una marca registrada en Freddie.

Todavía faltaban los grandes momentos. David Bowie paseó su gracia y genio por el escenario con un repertorio ecléctico e invencible. All The Young Dudes, clásico glam de Mott The Hopple (con la última actuación en vivo de Mick Ronson), Under Pressure y una versión conmovedora –como todas las de esa canción- de Héroes.

Cuando parecía que Bowie se quedaba fuera de la ola pop que dominaba los ochenta llegó (antes de China Girl y Let´s Dance) la colaboración con Queen. Under Pressure es uno de los grandes temas pop de todos los tiempos. “La canción pop perfecta”, dijo Thom Yorke. Una colaboración vocal única entre Freddie Mercury y Bowie. En este recital Bowie cantó el tema con Annie Lennox. La actuación es electrizante (es extraordinario como en medio de esa tensión, ante la grandilocuencia de los dos intérpretes y sus juegos de seducción, John Deacon parece un bancario aplicado, casi aburrido, tocando una de las grandes líneas de bajo de la historia). Annie Lennox tienen un vestido fastuoso, el pelo peinado a la gomina y un antifaz negro pintado alrededor de los ojos. Bowie, como siempre, es el epítome de lo cool. Lleva un traje verde que sólo le queda espléndido a él. Hasta chasquea los dedos con onda. Pero del dúo hay un momento registrado todavía más maravilloso: el video de uno de los ensayos, con David con un cigarrillo en la mano, cantando con soltura casi sin esfuerzo; a un costado George Michael los mira con atención, mientras en voz baja canta Under Pressure.

El gran vencedor de la noche fue George Michael. Con su saco rojo ochentoso, el aro en la oreja y esa barba que parecía sombreada por un grueso lápiz negro, cantó 39, These Are The Day Our Lives (con Lisa Stansfield) y una versión cercana a la gloria de Somebody To Love acompañado por un coro góspel.

Después el dúo más inesperado. Elton John al piano dio comienzo a una versión sosegada de Bohemian Rhapsody. En la sección operística las pantallas se llenaron con el video de la canción y la grabación original con la voz de Freddie. Para la tercera parte, ingresó como una fuerza de la naturaleza Axl Rose. Arrollador y concentrado hizo una gran interpretación. Los versos finales, los cantaron Elton y Axl abrazados en la boca del escenario. Para terminar con los rumores por las declaraciones de Axl. Pero más allá de lo que hubiera dicho Rose, la relación se había tensado unos momentos antes. Elton había llegado temprano a Wembley, estaba entusiasmado. Fue hasta el camarín de los Guns y preguntó por Axl. Un asistente le dijo que estaba durmiendo. Elton pidió que lo despertaran: “Tenemos que hacer un dueto en tres horas” argumentó. Se rieron de él. Cuando intentó ingresar, un patovica le cerró el paso, le dio un pequeño empujón y le cerró la puerta en la cara. Elton estuvo largos minutos quejándose en el backstage ante quien quisiera escucharlo. Hasta que los integrantes de Def Leppard lo cobijaron y le ofrecieron un té. Una pequeña escena surrealista.

Cuando se veía que ya quedaba poco, Axl Rose se sumó al trío histórico de Queen para un potente We Will Rock You.

El final fue con todos los invitados sobre el escenario bajo el comando de Liza Minelli, muy admirada por Freddie, y una versión populosa de We Are The Champions.

El show fue visto en 76 países. Se calcula que la audiencia alrededor del mundo rozó los mil millones de personas.

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