Fiebre de litio

El tal Tommy de Pablos Souza y Waldo Pérez tienen la mesa servida. Tienen a los políticos de su lado, conquistan con una fotocopiadora, una computadora o una sala de primeros auxilios

Por: Luis Alberto Taborda

Partamos de un sencillo hecho y comprobable: la “Barrick Gold, que es la empresa minera más importante entre las que operan en nuestro país causó la mayor catástrofe ambiental de Argentina, la contaminación de los nacientes del río Jáchal, en San Juan”. De esta circunstancia podemos deducir al menos tres consecuencias:

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1) La cacareada Responsabilidad social empresarial es un mito. No hay y no puede haber empresa minera responsable porque las guía y orienta en su accionar una sola prioridad: obtener el mayor lucro o ganancia en el menor tiempo posible.

2) Todas las mineras comienzan a relacionarse con la sociedad tomando como punto de partida una mentira irresponsable: que la actividad minera no es contaminante.

3) Lo que una gran minera como la Barrick no puede hacer, esto es cuidar el medio ambiente, mucho menos lo hará una empresa menor, que juega en las ligas pequeñas, como esta que viene a Tres Quebradas, que apenas invertirá 1 millón y medio de dólares en exploración. Nada, un vuelto.

Este es el panorama. Claro que uno lee las notas en El Esquiú, diario de la gobernadora, y las notas de los complacientes periodistas locales y no se entera de nada. Para ellos, que hace tiempo han perdido la capacidad de preguntar, no existen las dos campanas. Existe solo la versión de los gerentes, desconocidos que llegan en avión, están un ratito, dan conferencias en el hotel de Cortaderas y se vuelven a sus cómodos y lejanos despachos. Pero uno, que ya es viejo, mira las caras de estos aventureros y les nota la ambición, la falta de prejuicios de todo tipo, el apuro por convencer, la impunidad con la que se mueven seguros de que nadie les preguntará nada que los moleste.

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Tienen la mesa servida, el tal Tommy de Pablos Souza y Waldo Pérez. Tienen a los políticos de su lado, tienen a los referentes sociales conquistados con una fotocopiadora, una computadora o una sala de primeros auxilios, y tienen a los jóvenes desocupados embalurdados con la promesa de un conchabo. Prometieron ¡50 puestos de trabajo!, repartidos entre Fiambalá, Belén y Andalgalá, 16 por pera. ¡Eureka! Solucionaron de entrada nomás un problema social. Todo lo hacen fácil. Campo orégano, como decía mi abuelo, que era más desconfiado que una mula.

En el esquema de la mega minería global los territorios y la gente local no cuentan. Las comunidades originales deben ser convencidas mediante explicaciones simplistas y discursos de nivel jardín de infantes y, claro, algunas dádivas que cerrarán el caso. A los ambientalistas, un par de locos que nunca faltan, solo hace falta ignorarlos y, si insisten, reprimirlos. Todo lo demás está arreglado. Argentina (y Catamarca) defienden una política extractivista, lo que significa que la riqueza del subsuelo, en bruto, sin mayor agregado de valor debe ser exportada en beneficio de otros. ¿Quiénes son estos “otros”? Los que van a industrializar el litio en el primer mundo y encontrarle diversas aplicaciones que se traducirán en ganancias extraordinarias en relación a los costos de explotación.

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¿Es que no hay litio en otros lugares del mundo? Claro que hay, pero en Chile, Argentina y Bolivia también lo tenemos, con legislaciones mucho más permisivas, obreros a los que hay que pagar muy poco y sin asumir riesgos ambientales en el propio país de los inversores. Así se cierra un negocio: todo el beneficio queda de un solo lado y para unos cuántos. Los catamarqueños, pasado el veranito, quedaremos la ñata contra el vidrio, como ya sucedió con Alumbrera.

¿Por qué esta fiebre de litio? El litio tiene la virtud de permitir el almacenamiento de grandes volúmenes de energía de manera eficiente y flexible. Por eso es ideal para producir baterías tanto para comunicaciones (celulares, notbooks) como para movilidad (automóviles). Además, tiene otros usos industriales, tal su aplicación para producir cerámicas, desarrollados hace bastante tiempo. La capacidad de servir de soporte para almacenar energía permite visualizarlo como una alternativa a los combustibles fósiles derivados del petróleo. Se habla así de una “economía verde”, asociada al litio, libre del carbono que produce calentamiento global.

Claro que hay que tomar en cuenta que se explota y produce mucho más litio del que en realidad se utiliza hoy en el mundo en las diversas industrias. En realidad se lo acumula en forma de reserva como si fuera una moneda, previendo que en el futuro será más valioso a medida que se desarrollen nuevas aplicaciones.

En Catamarca, el litio se produce, a partir de salmueras (agua con gran concentración de sales) acumuladas en los salares, desde 1998 en el salar del Hombre Muerto, departamento Antofagasta de la Sierra. Los efectos en el medio ambiente de la exploración y explotación de litio todavía no están lo suficientemente estudiados. Lo que sí es seguro es que impacta grandemente en ambientes relativamente aislados y muy sensibles a la actividad humana.

La simple construcción de huellas mineras e instalación de campamentos y piletas de evaporación en las que se emplean productos químicos causan contaminación y ocasionan daños al aire y al agua. En el caso Tres Quebradas, el estudio técnico previo fue realizado por la chilena Universidad de Atacama, nuestra famosa UNCa no figuró. Nadie dijo ni “mu”.

Dentro del esquema extractivista del que hablamos, el estado renuncia a su papel de apoyar y asesorar a las comunidades locales y pasa a darle la razón a las empresas privadas. Las multinacionales de todo tipo que están detrás de esta fiebre de litio, utilizan como pantalla a diversas empresas subordinadas lo que dificulta saber en última instancia quién es el que se beneficia y quién se hace cargo de los problemas que puedan surgir a futuro. Para las empresas los lugares concesionados son siempre “espacios vacíos”, que no tienen significado cultural o histórico.

Para ellos, el “Pissis” es un cerro más; la declaración de sitio “Ramsar” ni se toma en cuenta; los volúmenes de agua dulce que se afectarán no existen; el montañismo y el turismo son un chiste de mal gusto, solo tiene vigencia e importancia la minería extractiva. En definitiva, en este tema se enfrentan dos miradas. La una que hace de toda la Naturaleza un negocio que hay que aprovechar lo antes posible; y la otra, la de los que sienten que se está afectando de manera irreparable parte de su lugar en el mundo, parte de su ambiente, al que se sienten ligados de muchas maneras.

Creo que es un poco lo que trasmite el melancólico texto con que cerraré esta columna. Se denomina “Pissis”, y dice así: “Los incas denominaron “Pilla Huasi” al coloso, lo que quiere decir “Casa de la corona”, debido a sus cinco cumbres principales. Luego, los arrieros del lado riojano lo llamaron “Nacimiento del Jagüé”. Por fin, Pancho San Román, comandante de la Expedición Chilena al Desierto, lo bautizó “Pissis”, en homenaje a Amado Pissis Marín, destacado geógrafo francés que recorrió la zona en el siglo 19. Y ahora, dentro de poco, cuando las lluvias ácidas lo contaminen, quizá debamos llamarlo “Gigante vencido”. Ese nombre será como poner una guirnalda de flores fúnebres a sus cimas”.

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