Desaparecidos en democracia: fueron 6 mil y tratan de identificar sus cuerpos

Ya hay más de trescientas identificaciones positivas, pero todavía no se comunicó el hallazgo a todas las familias. El Ministerio Público Fiscal continúa trabajando, pero el proceso es largo.

NN viene del latín Nomen Nescio, nombre desconocido y, como expresión, está unida a la figura del desaparecido. En nuestro país, la denominación tiene una carga que la vincula con prácticas de la represión de gobiernos autoritarios e ilegítimos. Sin embargo, desde 1983 con el advenimiento de la democracia, se registran más de seis mil personas desaparecidas en la Argentina.

Algunos casos, como el de Luciano Arruga (paradigmático porque se lo buscaba mientras su cuerpo estaba enterrado en el cementerio de la Chacarita) o el de Iván Eladio Torres, en que las familias llegaron a foros internacionales, tuvieron repercusión en los medios y fueron objeto de reclamo social extendido, sobre todo porque los indicios de violencia policial institucional son sólidos.

Otros, son buscados activamente por sus familiares durante un tiempo, hasta que llega el dolor sordo y la resignación. Además hay otros que ni siquiera tienen quién los busque: personas institucionalizadas, hospitalizadas o en situación de calle.

Marcos Parera, secretario de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas, PROTEX, relata los orígenes de un proyecto que apunta a reparar la falta de conexiones y de alerta que existe entre los registros estatales que tendrían que ponerse en movimiento cuando se denuncia la desaparición de una persona. «En el 2013 se nos acercó Acciones Coordinadas contra la Trata, una ONG. Hasta ese momento solamente existía el registro nacional de menores extraviados, pero no teníamos idea de cuántas personas adultas estaban siendo buscadas», recuerda.

El primer paso fue generar un padrón de personas buscadas, que se hizo con información oficial de las provincias, de las secretarías de derechos humanos de cada jurisdicción y de todas las policías provinciales. Se obtuvo entonces la cifra de 6000 desaparecidos plasmada en denuncias.

La otra pata del proyecto era conocer el estado de situación en cuanto cadáveres NN. «También hay personas vivas NN, de las que se desconoce su identidad porque están en algún tipo de institución psiquiátrica u hospital, o en la vía publica», puntualiza Parera. «Nos interesaba conocer si había una coincidencia entre la cifra de personas desaparecidas y la cantidad de cadáveres NN sistematizados por el estado. A estos cuerpos sin identidad se los entierra en un cementerio municipal en el sector de indigentes durante un tiempo, que varía según el lugar, y luego se los deriva a un osario común».

Para conocer el estado de situación, la PROTEX se puso en contacto con el Registro Nacional de las Personas, que le dio acceso a todas las huellas de cadáveres NN que tenía archivadas en un subsuelo. «El estado era desastroso. Las fichas estaban apiladas en bolsas de arpillera, algunas húmedas e invadidas por insectos, inutilizables para la identificación», se lamenta Parera.

Cada vez que fallece una persona, con identidad conocida o desconocida, se hace un Aviso de Fallecimiento, y se eleva al RENAPER central. «No siempre se toman las huellas, depende de cómo se encuentra el cuerpo, que puede ser en estado de descomposición avanzado, o carbonizado», explica el funcionario.

Pero, para sorpresa de los integrantes del proyecto, había 5328 avisos de fallecimiento: una cifra bastante próxima a la de desaparecidos. Sin embargo, solamente alrededor de 3000 tenían las huellas dactilares tomadas.

El siguiente paso fue darle intervención al Ministerio de Seguridad, que digitalizó los avisos de fallecimiento y comenzó a cotejarlos con sus bases de datos. En algún momento, los enterrados como NN habían pasado por las bases de datos del Ministerio, ya sea por tener algún tipo de antecedente penal o porque habían tramitado la cédula de identidad o pasaporte, mientras los emitía la Policía Federal.

«Así se empezaron a dar los primeros cotejos positivos, en octubre del 2015. Al día de hoy llegamos a 301 identificados. Cuando nos remiten la información, armamos un expediente de cada caso y localizamos fiscalías y juzgados que hayan intervenido en la búsqueda y reparticiones que hayan participado en el hallazgo del cuerpo. También buscamos a los familiares y les comunicamos el hallazgo», resume Parera.

Después de tantos años, las familias sospechaban que sus seres queridos habían muerto. Pero, como en el caso de los desaparecidos en dictadura se trata de la confirmación final, el cierre de un ciclo.

Algunos cuerpos tenían indicios de homicidio, pero no se conocía el nombre de la víctima. «En esa circunstancia, se remite toda la información al juzgado para que proceda con la investigación», asegura Parera.

Los esfuerzos del Ministerio de Seguridad continuarán hasta que, lote por lote, se logre dar nombre a la mayor cantidad posible de NN. «El procedimiento es complejo y lento, pero se avanza», promete.

«No podemos permitir que siga habiendo personas fallecidas sin identidad. No son objetos, son personas. Tienen familias, y aunque no las tuvieran, es un derecho. El costo de identificar un cuerpo tomándole las huellas dactiloscópicas es mínimo. Se trata de una responsabilidad del Estado que ha firmado incluso tratados internacionales que estaba incumpliendo en ese sentido», concluye Parera.

Entre los NN identificados hay

76 hombres de 20 a 40 años

72 hombres de más de 40 años

1 mujer de menos de 40 años

11 de más de 40 años

La Procuraduría convoca a quienes tengan algún familiar no localizado o ausente que coincida con esas características personales a llamar al: 0113752921 int 3007

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