COVID-19: El catamarqueño superdonante de plasma que podría ser clave

La historia de Facundo Ahumada, el superdonante de plasma argentino que podría ser clave en el intento por controlar la pandemia.

Se trata de Fernando Ahunada quien tras recuperarse del Covid-19, los médicos le detectaron una cantidad de anticuerpos neutralizantes del coronavirus cuatro veces mayor que a otros donantes, lo que resulta clave en la investigación sobre tratamiento con plasma de recuperados. Ya donó más de tres litros, en tres oportunidades.

De repente, uno de los pañuelos con los que venía cubriéndose la nariz y la boca para impedir que penetraran la tierra y la arena terminó convirtiéndose en un barbijo para evitar el ataque de coronavirus.

“Aunque no funcionó, porque me parece que me contagié en el vuelo de retorno”, entiende Facundo Raúl de la Cruz Ahumada, civil de la Fuerza Aérea Argentina, nacido en San Fernando del Valle de Catamarca, soltero, de 1.85 metro, 95 kilos y 27 años, pero quien hoy, ante todo y para todos, es noticia por su condición de “súperdador” de plasma.

Así lo explica él: “Se debe a la cantidad de anticuerpos neutralizantes del Covid-19 que posee mi sangre. Según me comentaron los doctores, mi plasma contiene cuatro veces más de anticuerpos que el del común de los pacientes que donan”, cuenta, agregando un segundo dato sustancioso: “Ya se envió una muestra a la Universidad de Córdoba para que sea estudiada, a ver si puede servir para generar un producto inyectable capaz de ayudar a superar la enfermedad a las personas que no logran generar las defensas suficientes desde su propio sistema”.

Facundo Ahumada, el catamarqueño superdonante de plasma que podría ser clave

–¿Y si el estudio funciona?
Contaríamos con un tratamiento a través del plasma.

Cada donación a Ahumada dura casi una hora y media: “El proceso –detalla-, denominado aféresis, se realiza en cinco etapas. La meta es introducir nuestro plasma en quienes atraviesan la enfermedad, en especial los casos graves: estos anticuerpos son como soldados kamikaze que salen a combatir el virus y neutralizarlo, para que el paciente no empeore ni llegue a un estado crítico que requiera intubado con oxígeno y terapia intensiva. Es un tratamiento seguro y nada doloroso, salvo por el pinchazo inicial”.

Su pasión por el rally (“Me lo despertó de chico mi abuelo, Julio César”) fue aquello que lo llevó a Europa a inicios de 2020. “Como nunca me pierdo una fecha mundial de la especialidad en mi país, esta vez planeé viajar al famoso Rally de Suecia (llamado el ‘rally blanco’ por su nieve), y de paso tomar mis vacaciones para seguir conociendo el Viejo Continente –relata en un monólogo–”.

“Llegué a España el 8 de febrero, pasé por Noruega, por Bélgica y de ahí, con unos amigos locales se fueron derecho a la carrera, ellos como aficionados y yo para cubrirla. Después salté a Finlandia, retorné a Bélgica, pasé por Holanda, y de nuevo a Madrid, donde ya había más de cuatro mil casos activos de coronavirus, pero aún sin cuarentena. El 9 de marzo tomé el avión de regreso. Hicimos escala de Londres, y partimos directo a Buenos Aires. Ahí, y pese a que tomé todas las precauciones del caso, siento que me contagié”, intuye.

“El vuelo estaba repleto y noté a un montón de gente con tos y estornudos, como resfriados. Algo normal, claro, porque en Europa era invierno. Para colmo, al aterrizar, el Aeropuerto de Ezeiza era un caos. Nunca había visto el sector de Migraciones tan lleno, sin distanciamiento ni control… En mi opinión, fue la gran puerta de entrada del virus”, especula Ahumada.

Hincha de Argentina y de Boca Juniors y fanático de la música electrónica y el pop, Facu es coleccionista de coches de rally a escala 1/43 (suma medio millar) y de merchandising de las competencias.

En pleno rigor del rally, con su pañuelo como cubre boca frente a la tierra y arena. “Hoy extraño los partidos de fútbol en Excursionistas con mis amigos de la infancia –lo aborda la nostalgia–… Practicar deportes (además jugó al rugby en el Club San Carlos) y llevar una vida sana, sin fumar –por ejemplo–, también ayudó bastante a mi recuperación”.

–¿Cuándo y cómo se enteró de que se encontraba infectado?

–El 19 de marzo, luego de padecer fuertes dolores de cabeza en casa y de que me internaran dos días antes, con 38.6 grados de fiebre. Esperé los resultados del hisopado en la habitación. A las cuarenta y ocho horas, el Instituto Malbrán informó que se trataba del primer caso positivo del Hospital Militar porteño –al que llegué por mi obra social–, y del número 230 del país. También mencionaron que encontraron otros casos positivos derivados de mi vuelo.

–¿Hasta cuándo permaneció internado?
–Hasta el 31 de marzo. Mi transitar resultó bastante leve, con una temperatura que se controlaba mediante paracetamol y un principio de neumonía dominada a tiempo con dos antibióticos. El virus se fue, como todo virus, con mucha hidratación: tomaba de tres a cuatro litros diarios de agua y Gatorade… Me dieron el alta tras dos hisopados negativos. Si a ello le sumo la posterior cuarentena en mi casa de Olivos, la recuperación completa me demandó un mes. No volvieron a surgir síntomas.

–¿Cómo descubrieron su condición de “súperdador”?
–Durante mi internación, como me veían bien en lo físico y lo anímico, se acercó el hematólogo Miguel Buezas y me comentó sobre la donación de plasma y el proyecto de colaborar en la búsqueda de algo que contrarreste el virus. “Pensalo tranquilo”, me pidió. Automáticamente le respondí que cuando fuera el momento iba a colaborar, ya que ellos me acompañaron y salvaron de esta enfermedad.

Hijo de Armando (58, comodoro de la FAA) y Patricia (58, analista de sistemas en Anses), Facundo, que viajó en febrero como fotógrafo al Rally de Suecia, sospecha que se infectó en el viaje de regreso Madrid/Londres/Buenos Aires. “Ninguna de las personas con las que tuve contacto en Europa terminó contagiada. Creo que el virus me lo pasaron en el avión, ¡y mirá que ni al baño fui!”, lamenta.

“Donar me hace bien. Y admito que, también, recibir mensajes de gente –conocida y desconocida– que, por las redes sociales, en todo momento agradecen y me acercan deseos de buena salud para mí y mi familia. Realmente es algo gratificante, increíble”.

–¿Entonces?

–La última tarde, Miguel volvió con la técnica en hemoterapia Analía Frías, para hacerme las últimas extracciones de sangre y recordarme aquello. A las tres semanas, ella me llamó para ver si me animaba. Sin dudar me acerqué, como cualquier donante. Pronto me contactaron para contarme que habían detectado en mi sangre una cantidad muy alta de anticuerpos neutralizantes del Covid 19: “Cuatro veces mayor que los de otros pacientes”, me anticiparon. Y coordinamos una plasmaféresis, para donar plasma.

–¿En qué consiste ese tratamiento?

–Te conectan a una máquina que filtra el plasma de la sangre, haciendo circular simultáneamente los glóbulos y las plaquetas. En ese momento la máquina te devuelve los glóbulos y plaquetas, y al mismo tiempo el médico clínico te introduce un plasma artificial concentrado. De manera constante te reponen lo que vas donando, con la diferencia de que el flamante plasma carece de los anticuerpos. Igual, los anticuerpos donados se reproducen solos en tres días.

Durante sus incursiones gratuitas y voluntarias al hospital ubicado entre los barrios porteños de Palermo y Belgrano. En la última visita, los anticuerpos de Facundo incluso aumentaron respecto a las anteriores. En la foto, con el doctor Guillermo Marra.

Cuando escucha la pregunta que pretende dilucidar qué siente íntimamente al ser considerado por los especialistas en salud un “súperdador”, Ahumada –que destina parte de su plasma al proyecto de Infant (una fundación sin fines de lucro encabezada por el doctor Fernando Polack, que investiga las enfermedades respiratorias y se enfoca en revelar si los anticuerpos de las personas recuperadas sirven para atenuar los síntomas de nuevos pacientes, y así evitar que el virus avance)– no duda:

“Atravesado el momento angustiante, de incertidumbre, de semejante trastorno, lo que se siente es mucha felicidad por saber que mi cuerpo respondió creando una importante cantidad de anticuerpos, pero también una gran emoción al comprender que puedo ayudar a salvar vidas. ¿Hay algo más valioso?”, se auto-consulta, y sin responder, habla sobre sus inspiraciones…

“A mí me inspira el espíritu de asistir al semejante. Siempre me gustó ser solidario. Con mi familia y amigos solemos realizar travesías en camioneta (nos bautizamos Meta4x4), para conocer nuestro territorio y colaborar con colegios rurales de distintas provincias. Mi familia, mis padres y abuelos me enseñaron que siempre hay que intentar ayudar al prójimo. Lo mismo en el Colegio de Nuestra Señora, en Esmeralda 759, donde cursé el jardín, la primaria y la secundaria y aprendí tales valores”, enfatiza.

“Siempre me gustó ser solidario”, reconoce Facundo desde la casa que habita en Olivos, junto a su incondicional Simba, “raza perro”, ríe.

–¿En qué cree usted, Facundo?

–Soy católico. Creo en Dios y, pese a que no suelo concurrir a misa, de tanto en tanto con mi padre oramos. Aunque en los últimos tiempos, admito, rezamos a diario en familia.

–¿Y qué piden en sus oraciones?

–Que el gran esfuerzo que vienen realizando los médicos dé los resultados positivos que se esperan y que esta pandemia pase, por favor, lo antes posible.

Revista Gente

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