Catamarca es Catamarca… Qué quiso decir?

Por: Luis Alberto Taborda

El agua es el agua. El mundo es el mundo. Un cerro es un cerro. Bah, meras redundancias, simples tautologías sin sentido. Pero, les aseguro, que cuando uno dice “Catamarca es Catamarca”, si lo pensamos un minuto no es solo una repetición. Al contrario, algo significa. Pongamos, eso sí, un poco de contexto. Digamos, por ejemplo, que en medio de una conversación uno dice: Ahora llega el momento de una gran negociación entre la Nación y las provincias para repartir la tajada que va a generar la explotación del litio. Y otro responde: Pero tengamos en cuenta que Catamarca es Catamarca…

¿Qué quiso decir este otro? Quiso decir, si mal no interpreto, que no va a pasar nada, o por lo menos que no va a pasar nada nuevo, distinto, diferente. Esto es, que va a pasar lo que pasa siempre porque Catamarca es Catamarca. Quiso decir que la provincia va a negociar muy mal o mal porque no tiene fuerza ni capacidad para otra cosa. Y que cuando la pequeña porción de torta se concrete seguro que quedará en muy pocas manos y la gran mayoría, es decir la gente, el pueblo llano, quedará una vez más con la ñata contra el vidrio, como dice el tango.

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Es casi como el destino de los pueblos mineros: en el mundo no se conoce ninguno que prospere. Todos los que apuestan a que las mineras los van a sacar del apuro terminan a los tumbos, reducidos a la insignificancia, con los valores pervertidos, con la frustrante sensación de que entregaron todo a cambio de nada. Los discursos de los gerentes y sus amiguitos prometen siempre una ola de prosperidad y trabajo a cambio de que entreguemos los recursos naturales, el agua, la dignidad.

Catamarca hizo los deberes: ya tuvimos 20 años de Alumbrera. ¿Qué nos quedó, aparte del impresionante boquete contaminado y de la laguna cargada de residuos químicos que nunca va a desaparecer del paisaje así pasen 1.000 años? Nada, o casi nada. Ahí lo tenemos, a la vista, a pocos kilómetros de donde estamos. Pero claro, como no dejamos de lado la mentalidad mágica y seguimos comprando espejitos de colores, creemos que ahora, con el litio, la cosa será muy diferente. Lamento comunicarles: será lo mismo, porque Catamarca es Catamarca.

Otro distrito que hizo una bandera, una triste bandera, de la mega minería es San Juan. Allí encontramos a acérrimos defensores del despojo y la contaminación, que hablan maravillas de la Barrick Gold. Incidente tras incidente (“incidente” es la palabra políticamente correcta para designar el vertido criminal en los ríos de sustancias tóxicas), vemos que los acuíferos se contaminan y que se ven afectadas, como consecuencia, vidas y bienes curso abajo. Se trata de un error, dicen muy sueltos de cuerpo. No, no es un error: es lo que debe pasar conforme a la naturaleza misma de las operaciones mineras fuera de control en un país irresponsable, en donde se ve el beneficio inmediato para unos pocos y no se ve el daño y el perjuicio de muchos.

San Juan, según el Indec, ahora lo sabemos con certeza, es el tercer conglomerado urbano más pobre de Argentina con 44 % de pobres y 5,8 de indigentes. Cifras escalofriantes solo superadas por La Banda (Sgo. del Estero) y Concordia en Entre Ríos. ¿Qué tal? ¿Qué dirán a esto los gerentes de las empresas y los funcionarios del gobierno? Ya se les ocurrirá algo, de eso no hay duda, dado que son maestros de la retórica y los sofismas.

El nuevo mandamás de la Secretaría de Minería de la Nación se llama Daniel Melián. Allí lo encontrarán ustedes exhibiendo esa seguridad que le da estar estrechamente vinculado a las empresas. Él fue el gestor del acuerdo con Chile, siendo funcionario de Menem, por el que se estableció una especie de país autónomo en la larga frontera binacional entre Argentina y Chile. En una amplísima franja tras cordillerana las mineras gozan de una serie de beneficios y de una jurisdicción especial, como si estuvieran en un tercer país.

Melián, en los foros internacionales, no se cansa de promocionar las ventajas de invertir en la región. Les dice a los gerentes “Vengan que ahora la cosa está fácil para ustedes, vengan que en Argentina (y en Catamarca) no estamos demasiado interesados en cobrar impuestos o en controlar los desastres que se producirán, vengan ahora, vengan ya, que después de haberles eliminado las retenciones ahora les aseguramos que “les cobraremos COMO MUCHO un 3% de regalías” ( esto último, dicho en inglés suena más elegante: “miners will be charged a royalty of as much 3 percent”, declaraciones en www.bloomberg.com/news del 3 de marzo de 2017). Es decir, la misma miseria de siempre. )”.

El diario HOY, de San Juan (edición del 29 de marzo de 2017), que lo conoce bien, dice: “El agua del río Jáchal no está contaminada por la explotación de la Barrick Gold”, señaló el Secretario de Minería, Daniel Melián, originando una fuerte polémica que se incrementó en forma inmediata al criticar también los estudios que realizaron diversas universidades nacionales que reflejaban la fuerte contaminación que había originado la minera canadiense.

Cuando uno ve a nuestra gobernadora Lucía, resignada, en compañía de Melián, un tipo tan curtido en menesteres y componendas internacionales, no nos queda sino pensar en el programa “Negociando con tiburones” (Shark tank), que se emite actualmente por algún canal de cable. ¿Podrán los catamarqueños meter aunque sea un bocadillo en las negociaciones, o se avendrán a firmar lo que les presenten sin chistar? ¿Podrán sostener aunque sea al menos alguna opinión diferente, sin que se los lleve puesto el vendaval de intereses al que se enfrentan? Es para pensarlo.

En cuanto al litio, el asunto que ahora está de moda, pasa más o menos lo mismo. Se revolean números astronómicos de supuestas inversiones (20 mil millones de dólares, escuché por ahí); se ocultan o se minimizan los problemas ambientales; se descuenta que la desinformación y el desánimo de la población hará más fácil la cosa y, por supuesto, se apela a la dádiva chiquita en un intento de maquillar una situación por demás oscura y complicada.

Se prometen también puestos de trabajo. Todo muy vidrioso. Todo muy en el aire. La minería se caracteriza por contradecir a la ley de gravedad de Newton: en vez de derramar hacia abajo derrama hacia arriba. Y si no que lo digan los funcionarios enriquecidos a la velocidad de la luz.

En fin, en estos niveles el que no corre vuela y el más lerdo capuja con la mano a un halcón peregrino. Pero, en definitiva, en esta provincia todos somos buenos y todos somos amigos, cuando no parientes, así que no hay de qué preocuparse. No dejemos de tomar en cuenta ni por un momento que estamos en Catamarca, donde nunca pasa nada. Catamarca mansa y dócil; Catamarca, la cenicienta del NOA; Catamarca, la que era, es y será, siempre igual a sí misma porque, a no olvidarlo, Catamarca es Catamarca.

Fuente: elespejo

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